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lunes, 19 de agosto de 2013

Cárceles

La Sexta prepara Encarcelados, un nuevo programa con entrevistas a presos en cárceles de países latinoamericanos como Bolivia, Santo Domingo, Perú o Costa Rica y que comenzarán a emitirse probablemente en septiembre. Detrás del proyecto están Alejandra Andrade y Jalis de la Sierra.

El programa constará, por el momento, de 10 programas, encargados de contar algunos casos de presos españoles fuera de nuestras fronteras. Su número asciende a 2.500 en todo el mundo, de los que 1.500 están en algunas de las prisiones más conflictivas de América Latina, la mayoría por delitos relacionados con las drogas.

Aquí ya tuvimos un programa con la cárcel como telón de fondo que funcionó y al que se le echa de menos. ¿Por qué no vuelve El Coro de la cárcel a nuestras pantallas? El programa que fue premiado en varias ocasiones reunía todos los elementos que hacen bien a un espacio de la Televisión Pública.

Vidas personales, historias trágicas y grandes dosis de emotividad. Todo ello mezclado con la alegría y la disciplina que otorgaba el propio coro.  Un espacio necesario y amable al que le vendría genial nueva temporada.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Presos de reality




Esta semana debatimos en Sospechosos Habituales sobre realities. Telerrealidad y espectáculo. Al margen de las vanalidades de nominaciones, edredonings y demás tontainas hay un reality que debería de volver a televisión: El Coro de la cárcel.

Además de cumplir su función, entretenimiento, formación e información, con presos y audiencia (también presa en el salón de sus casa), El Coro huía de los momentos morbosos que todo reality provoca en sus concursantes.

El pasado viernes vimos Callejeros: Cárceles, la Película, con protagonistas que ya habían pasado por El Coro, al igual que pasara con Soy Adicto, donde algunos concursantes ya se están haciendo famosos del reality marginal.

Esa realidad carcelaria, desconocida para la sociedad del bienestar y hasta ahora marginada por la tele, ha de ser vigilada, además de por los funcionarios y jueces de vigilancia, por la audiencia. Toda la población española es responsable del día a día de la vida entre rejas.

Sólo así, viendo la otra cara de una realidad que tenemos tan cerca y tan olvidada, podremos sensibilizarnos con lo desconocido y, en cierto modo, cambiar esta sociedad tan preocupada por mujeres ricas y por joyas de la corona.

Hasta ahora el reality al uso nos iba haciendo presos de ese nuevo lenguaje y de esas formas frívolas que agotaban nuestra conciencia. Necesitamos comprometernos con lo que vemos por televisión y El Coro nos daba esta libertad.

En breve os subo el corte de El debate de esta semana "relity shows". De momento, puedes escuchar el programa completo (debate incluido) a través de este enlace.

jueves, 29 de abril de 2010

Showbredosis 2

VIENE DE SHOWBREDOSIS I

...Desde el momento en que Gemma, como tantos otros, desean conseguir seguridad, afecto, posibilidades de educación, de cultura (aspectos imprescindibles para sobrevivir con los que la mayoría contamos), los de la Organización (del programa) y los de la Administración (penitenciaria) han de apostar por acompañarlos con un profundo respeto desde su realidad y desde su historia de vida.

A Gemma, cosa que no veo al resto, se le notaba un mundo interior, no exento de contradicciones, pero lleno de sensibilidad. Los de la tele no le permitieron normalizar su vida en la medida que voluntariamente aceptase. Su expulsión es el reflejo del absoluto fracaso de las políticas de reinserción actuales que tratan de robarles a las personas, como también hace la droga, el protagonismo de su propia vida. De esto habla el profesor de Derecho Penal Juan Carlos Ríos Martín en su humana y sabia bibliografía.

Por cierto, podrían acercarles a los internos de Cuatro algún libro o película que los libere de su encierro, como el bueno de Xavier Torras (profesor del Coro…) consigue con su música en cada edición.



Terminando este extenso análisis, recordad una máxima de La Tele de Cristal: Como espectadores no podemos ser cómplices con los que se enriquecen a costa del dolor ajeno. Huyan de la “Showbredosis” antes de que la tele (droga y cárcel a la vez) decida expulsarlos de la VIDA.

miércoles, 28 de abril de 2010

Showbredosis




Hace unas semanas, debatimos en Sospechosos Habituales sobre el nuevo programa de Cuatro, Soy Adicto. Aun sin ver nada del nuevo espacio, puesto que estaba pendiente su estreno, supuse que la mejor manera de tratar una adicción nunca puede ser cara al público y mucho menos convirtiéndolo en un show.



Tras mi intervención, subida a youtube, me llegaron varios mensajes pidiéndome que rectificara esas frases de “la droga no es sólo el enfoque que le da la televisión” porque estaba dando una visión demasiado “permisiva” y “equivocada” del asunto, me decía uno de ellos.

Después de ver parte de las tres ediciones de Soy Adicto no puedo más que ratificarme en todo lo expuesto. Y diré más: La droga sólo es la excusa del programa de Cuatro para mostrarnos a personas con historias de vida marginales, sobredosis de incultura y una abrumadora falta de afecto. Y no sólo las seleccionan de un cuidado casting psicológico donde ganan los más endebles, sino que además los convierten en aptas marionetas para un reality de lo más perverso.

Los pacientes (participantes) son objetivos de esa televisión que se alimenta de las mentes más débiles para crear conflictos guionizados y moldear sus personalidades al gusto de lo que espera la audiencia. La misma treta televisiva con la que convencían a los “inteligentes” que participaban en programas tipo El Diario de Patricia, por ejemplo, para crear un show a costa de sus miserias.

Ahora que vertele.com rescata la historia de Gemma Moya conviene analizar el brutal fracaso manifiesto con el que tanto la cárcel como los programas coach se topan al dar con una “anti-heroína” como ella.

“Resocialización y reeducación”, objetivo constitucional de las prisiones en España, difícilmente entendible cuando precisamente a los internos se les separa de la sociedad durante el tiempo de la condena, y tampoco se les reeduca en su ambiente (interviniendo desde las circunstancias en las que delinquieron y a las que han de regresar) sino desde dentro de los barrotes, cuyo único reto para sobrevivir está en aguantar la espera.

Desde Soy Adicto se plantean: “Lejos de su entorno habitual, tendrán la oportunidad de reflexionar sobre lo que han sido sus vidas y la repercusión que el consumo de estas sustancias ha tenido en sus familias”.

Parece que ambos métodos son infalibles, la prisión y la tele, para recuperar a los “perdidos”. Sin embargo, aparecen personas como Gemma que son expulsada de ambos ambientes: del Coro se le echó “por la comisión de una falta grave” y de “Soy Adicto” por ir contra la norma de introducir droga (metadona que se guardó en un botellín de agua durante su breve estancia hospitalaria).

Desde el coach de Cuatro juegan a lanzar gritos a la montaña o a escribir cartas de reconciliación con su niñez, baratos trucos psicológicos de parvulario. Pinchan en hueso a la hora de coartar la libre decisión, autodestructiva o no, que toda persona interna tiene derecho a tener. Lo único malo que hizo Gemma fue aceptar el reto de la libertad rompiendo los barrotes de la opresión.

(Interrumpo aquí este post que, debido a su extensión, continuará mañana).

viernes, 9 de abril de 2010

El coro de la droga. ¿Adictos a las cámaras?




La pasada semana en el debate de Sospechosos Habituales debatimos sobre el nuevo programa de Cuatro ADICTOS:



Aunque se estrena este viernes, y hay que verlo para comentarlo con propiedad, no puedo dejar de sentir cierta animadversión hacia los programas coach (de ayuda): Supernanny, Hermano Mayor, Ajuste de cuentas...

Desde el éxito que obtuvo el personaje de 'Amélie', cuando a todo el mundo le parecía una tía guay, y a mí me resultaba entrometida y pedante ('a mí no me lie'), dejé de emocionarme con los iluminados que les van mostrando a los demás cómo resolver sus vidas. Y más aún cuando la ayuda llega en formato televisivo con contrato de por medio.

¿Alguien cree que las situaciones familiares que se viven en Hermano Mayor, por ejemplo, están tomadas de la realidad? Aquí hay más guión que en Generación Nini, donde los psicólogos están hambrientos de lágrimas y esperan la continúa rebeldía de sus conejillos para llevarlos a la confusión y sumisión que posibilite el no enfrentamiento hacia sus diagnósticos moralizantes.

Dejen a la gente equivocarse y vivir en paz, no exploten el sufrimiento ni se metan en las vidas de los que creen "perdidos". Hagan programas como Callejeros o 21 días, donde drogadictos o mendigos viven sin recibir recetas de los periodistas que los graban.

Como digo, habrá que verlo, pero ya tenemos en el casting de Adictos a una interna de la segunda temporada de El Coro de la cárcel: Gema Moya. ¿Adictos también a las cámaras?

La televisión, por otro lado, no suele mostrar la otra cara de la droga. Escohotado, en algunos debates, y Dragó, en sus programas, todavía tienen libertad para hablar de drogas sin asociarlas a la delincuencia ni a los barrios marginales. Exploren también esta vertiente y dejen de darnos dosis de autoayuda, que hay vida más allá de las miserias, del dolor y del llanto.

CONTINÚA LA HISTORIA DE GEMMA MOYA EN...

SHOWBREDOSIS (DE LA CÁRCEL A SOY ADICTO)

SHOWBREDOSIS 2

martes, 1 de diciembre de 2009

La historia de su vida




¿Se puede enamorar uno de un libro? ¿O de su autor? El sábado pasé una de las mejores noches de mi vida, y no por salir de macro fiesta o por celebrar nada especial, sino que la satisfacción me la dio un libro: Vientos de Libertad: Experiencia compartida de lucha contra la cárcel y el SIDA, de Julián Ríos Martín. Comencé a leerlo a eso de las 2 de la madrugada, para iniciar el sueño, y no pude dejarlo hasta agotarlo a las 9 de la mañana del domingo.

Este lunes, los chicos del Coro se prepararon para su penúltimo concierto (la próxima semana darán el final). La grandeza del programa, que tan dignamente defiende TVE en un horario cargado de asesinatos y de dosis de humor en la competencia, reside en las historias humanas que cuentan a la cámara los presos. Los internos pueden vomitar, por fin, sus miserias (drogas, malos tratos infantiles…), aquellas causas que les obligaron a hacer lo que hicieron y por las que hasta la fecha nadie (ni jueces, fiscales, ni funcionarios) les preguntó.

Esos dramas marginales por los que muchas veces tuvieron que actuar como lo hicieron, sin tener escapatoria, y que a los espectadores con sentido común (sensibles) nos hacen comprender que, como personas que somos, en su situación, y sin las posibilidades con las que supuestamente partimos en igualdad todos los españoles, hubiéramos caído irremediablemente en lo mismo hasta llegar al penal.

Lo cuenta también Julián Ríos en su maravilloso y personal libro: “Iban a juzgar a Fernando, personas que no sabían nada de la historia de su vida. Sólo iban a tener en cuenta sus actos. Ellos, que posiblemente habían tenido todos los medios que hacen falta para llegar a ocupar los cargos que ocupaban, eran tan ajenos a la vida de Fernando que yo tenía serias dudas sobre la verdadera equidad de aquel acto. Pero así es la justicia penal: una máquina imparable que desconoce a las personas e ignora los problemas.

Les dejo el vídeo en el que me acerqué al director del penal de La Moraleda (Palencia), que ha albergado esta tercera edición del Coro, para preguntarle sobre la vida en prisión y sobre el papel de los medios de comunicación con esta institución:



Vientos de Libertad: “Allí (en la prisión), las personas dejan de existir. Todas quedan etiquetadas y estigmatizadas por el papel que desempeñan en este drama: el acusado, el policía, el juez, el abogado, el fiscal, el demandante, los testigos, los familiares, los funcionarios. Todos y cada uno, aun siendo personas, quedan reducidos a meros personajes y se comportan como tales; la persona pasa a un segundo plano.”

martes, 27 de octubre de 2009

Dignificando el 'docureality'




Una de las cosas por las que merece la pena no prescindir del televisor hoy en día, es poder engancharse todos los lunes a los participantes de El Coro de la cárcel.

Privados de Internet, los presos sí disponen de televisor en sus celdas (dénse cuenta del poder relajante por el que el aparatito resulta tan necesario para cualquier sistema), y se puenden ver por fin como parte de la sociedad y no como desecho pa´echar de mirar a parte.


Más de un millón de espectadores permanecen también atentos semana tras semana a las historias humanas de gente con poca fortuna, a sus desgracias, a sus miedos y a su manera de vivir.

Ahora que Carmen Lomana (¿qué ha hecho esta señora para estar ahí?) se prodiga por los programas de "realidad social" tipo Callejeros o Comando Actualidad, a los que les ha gustado tanto el extralujo y extranadería de esta pija millonaria, El Coro es lo que dignifica a los programas docurealitys de verdad (no confundir con la farsa Curso del 63).

Os dejo el punto de vista de Xavier Torras, el profe de los chicos del Coro, acerca del programa y de su labor en la televisión: