jueves, 20 de octubre de 2016

‘Snowden’: el espía que me dejó frío

El pobre Oliver Stone se ha convertido en un cliché en sí mismo: es la mosca cojonera de Hollywood, el obcecado retratista de las páginas más oscuras de su país. Ha tratado el horror del Vietnam, los tejemanejes de Wall Street, el asesinato de JFK, la paranoia y el complejo de inferioridad de Nixon, la podredumbre del fútbol americano, el 11S, la nefasta administración Bush… Hasta se ha empecinado en contarlo todo en una serie de 10 episodios: La historia no contada de los Estados Unidos. Estupenda serie, por cierto.


Para el guión de Snowden, Stone ha adaptado los libros The Snowden files, de Luke Harding, y Time of the Octopus, escrito por Anatoly Kucherena, el abogado ruso de Edward Snowden.
La película trata, con una estructura de flashbacks, la confesión del espía informático arrepentido y la histórica exclusiva de The Guardian, que publicó los documentos clasificados robados por Snowden sobre el programa de vigilancia mundial de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional). Lo que cuenta la película es aterrador, de una gravedad angustiante. Lo que falla es cómo lo cuenta.

La película tiene un buen arranque, una buena primera media hora. Oliver Stone y Kieran Fitzgerald (coguionista) saben manejar bien el suspense inicial: la cita en la habitación de un hotel de Hong Kong, la paranoia porque los servicios secretos puedan localizar al traidor… todo funciona. Igual que funcionan los saltos en el tiempo, como la primera entrevista del joven cerebrín en la que el actor Rhys Ifans (como Corbin O´Brian) está fabuloso. También el uso de objetos, como el cubo de Rubik, es brillante y el montaje y la dirección están bien hermanados. Como espectador te acomodas en la butaca y tienes la sensación de que te van a contar algo fascinante, como ya hizo Stone en JFK, pero nada de eso acaba sucediendo.

La primera gran tara del guión de Snowden es la trama amorosa, la relación que tiene el informático con su novia Lindsay. La pareja es aburridísima, no interesa a nadie, su amor es relamido, su sexo pacato, su relación epidérmica. Y puedes entender que en la escritura del guión el conflicto que tiene Snowden con su pareja debe ser relevante, pero no tanto. No en una película que acaba durando dos horas y cuarto y que se hace eterna. Por cierto: de la familia de Snowden no sabemos absolutamente nada, algo que cuesta entender. Es una valiosísima información del personaje que se elude y no sabes por qué razón. Tampoco aparece Julian Assange, personaje clave (y con el que Stone se reunió) en la salida de Snowden de Hong Kong.

A parir de esa media hora brillante, el film se desmorona. Su guión ahonda de forma torpe en el gran dilema moral del héroe (un tipo que mandó al carajo un sueldo de 200.000 dólares anuales) y la realización entra en el terreno del telefilme o del biopic al uso. Se ve poco cine en Snowden, poca imaginación visual, nula construcción de personajes.

Y es una pena porque la producción es buena: Joseph Gordon-Levitt hace un trabajo digno y el reparto cuenta con grandes secundarios como Melissa Leo, Zachary Quinto, Nicolas Cage o Tom Wilkinson. Y al final, en un giro ridículo y de un egocentrismo patético, casi mesiánico, sale hasta el propio Snowden interpretándose a sí mismo.

Puede que el gran muro al que se enfrentaron Stone y Fitzgerald al escribir Snowden fuese intentar hacer entretenida la historia de un informático, que es lo que es Snowden. Desgraciadamente, el chico no es Jason Bourne ni James Bond y eso hace que el bostezo llegue antes de lo esperado a esta película de espías. En el fondo, Snowden sólo es un hacker, que es como lo definió, tan ridícula como despreciativamente, Barack Obama, ese presidente negro y progresista que resultó ser tan reaccionario y oscuro como Bush. Letal para la libertad de prensa en particular y funesto para la libertad en general. Y no sólo en su país, sino en todo el planeta.

Como bien ha recodado el propio Oliver Stone, Obama duplicó el estado de vigilancia y “se creía la misma vieja historia de que estamos bajo ataque todos los días y todo el día”. Y dijo más: “¿En cuántas guerras está metida América de manera informal y sin consentimiento? ¿Cuántos países musulmanes ha bombardeado Obama? ¿Cuántos ataques con drones hemos realizado y a cuántas personas han matado?”

Sólo hay algo que me parece digno de elogio de una película tan mediocre como Snowden: que los americanos son capaces de reflejar rápidamente su historia más reciente en la pantalla. El caso Snowden es de 2013 y ya tienen un documental ganador del Oscar y cuatro largometrajes de ficción sobre él. Nosotros hemos tardado 20 años en rodar algo sobre Roldán. No sé si me explico.
Snowden ha sido un fracaso. Su estreno ha sido el peor de toda la carrera de Oliver Stone. Eso sí: si les apetece, lean lo que contamos en cuartopoder.es sobre el citado documental sobre Snowden (Citizenfour). En esa crítica escribí: “Aquí hay un peliculón como la copa de un pino. De los grandes. Cuando veía Citizenfour no paraba de pensar en el director, David Fincher y en el guionista, Aaron Sorkin, los responsables de la magnífica La red social”. Desgraciadamente, Snowden es una película de Oliver Stone.

miércoles, 19 de octubre de 2016

El Sello del Sueño de los 13 Gatos




Miles son las versiones que del Sueño de una noche de verano se han hecho desde que Shakespeare la escribiese en 1595, y a cada cual sorprende a su manera por el estilo, la espiritualidad y la firmeza estética de la adaptación fruto de la sensibilidad de cada versión.
Esta vez el alma en su conjunto la ha puesto Carlos Manzanares Moure (no confundir con el director de casting al que entrevistamos en Los Munsters de ELECTRODUENDE).




Manzanares Moure es la cabeza y el corazón pensante de Trece Gatos, grupo teatral que en unos años de vida ha despuntado hasta convertirse en uno de los más jóvenes y prometedores de la escena actual madrileña.






Me cuenta el grupo, que ya tiene a punto de caramelo otras dos obras, que su objetivo es asentarse en el corazón de la capital con su propio espacio. Quién sabe lo que conseguirán estos jóvenes (y algunos más creciditos, pero de espíritu emprendedor y arrollador) de contar con su espacio creativo polivalente: ¿quizá con cafetería, biblioteca, sala coloquio…? ¿quizá con 13 gatos por ahí por el local ronroneando a los visitantes?

Ideas tienen, talento les sobra, falta solo la ayudita del Patito Donald que confíe en que aquí hay tanta madera teatral como en oro se convertirá tras su quema.


De momento, se agradece verlos en el TEATRO ARLEQUÍN (San Bernardo, 5) los fines de semana. Y ¡AtenCIÓN!!!! porque este es el último para encontrarlos en este espacio mítico de la Gran Vía, tan vetusto a todas luces como intrigante a todas sombras.




Y es que cuando uno entra al Arlequín (a este trovatore habrá que reconocérselo), no sabe si saldrá con cara de difunta de Manolo Escobar, o con ganas de repetir al día siguiente por la frescura y el encanto de lo mágico.




Este último sentimiento es el sello que se estampa en nuestro recuerdo tras ver el Sueño de los 13 gatos, quienes lograron alzarse con el primer puesto en Atrápalo durante semanas, y que ya contaron con escenarios más amplios que, según me cuentan, recreaban a la perfección ese bosque en el que Shakespeare ambientó su obra convirtiéndolo en hábitat del espectador desde el inicio hasta el fin de la función.



Luces, sombras y ¡Acción!: ¿alguna otra sala está por programarlos y conseguir para sí el éxito? Siete vidas tienen, como no podría presumirse de otro modo viniendo de ellos… y sobre ésta de Shakespeare sería cuantiosa pena que durmiera sueño eterno en olvido.




Al final, cuesta describir detalles de una obra tan popular sin revelar nada que estropee a lo novedoso, así que este ELECTRODUENDE no lo hará (asunto que me ahorro en cuanto a Spoiler), pero que sepan que estamos ante una versión que funde el clásico con la técnica audiovisual más actual y la proyección de escenas de películas cuyo diálogo también es mágico. Potenciando el sueño en el camino individual, las aspiraciones del espíritu que abandona el ¿destino de Edipo? por la fuerza de carisma y de talento. Entre otras referencias, por ejemplo, El Club de los Poetas Muertos.

Una versión, la de los trece que, más que enseñar, descubre a cada instante. Unos gatos cuya frescura impregna cada palabra del verso, tan bien hilvanado… cual artesanos convertidos en hadas, cual enamorados en neuróticos, cual Dioses en dictadores de su mítico juego. Temperamentos actorales aptos para Méridas o Coliseos.

¿Sugerente lo que leísteis? Pues no paséis un verano más sin despertar gracias a ellos. Atrápalos pronto que se nos fugan de nuevo, cual hadas y artesanos, a su fábrica de ideas y trabajo. Tan “majicos” como mágicos, así son estos 13.

lunes, 17 de octubre de 2016

Mr. Kebab para morir de risa

NOTA: POR EL TRASPASO A WEB ESTAMOS CAMBIANDO EL ARCHIVO POR LO QUE LOS TEXTOS SEGUIRÁN EN LA ORIGINAL. NADA SE PERDIÓ Y LOS ELECTRODUENDES SEGUIMOS MEJORANDO Y AMPLIANDO. DISCULPA LAS MOLESTIAS SI TE ELECTROCUTARON... ES LA BRUJA AVERÍA.


Este domingo dice adiós en el Alfil una de las obras más irreverentes de la temporada teatral.

Mr Kebab, el espectáculo interpretado y dirigido por Joan Estrader, es un acontecimiento en sí mismo que coloca y descoloca al público de forma inteligente, absurda y elegante.

¿Quieren morir de risa?

Pues morir no morirán, pero vivirán ratos de desternillarse gracias al mago Mr Kebab, que hace magia con cada palabra, con cada juego, con cada gesto, con cada símbolo, con cada silencio.

 Cualquier recurso es bueno para que Estrader convierta un simple espectáculo en una obra mágica, con vida propia. Y cada día nos sorprenderá con algo nuevo y diferente porque como si se tratara de un personaje más, el show tiene esencia divina y va creciendo gracias a la magia que Estrader consigue con el público al que engancha desde el segundo cero y hasta el final.

Quedarán atrapados al absurdo. Divertido es poco. Larga vida a Mr. Kebab.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Elvis resucita en Madrid con 'Rockking'

Por Xme Aumente:

Quizá el olimpo del arte está poblado, no de personas inimitables sino de imitables. 

Personas mágicas que dejan tras su paso pequeñas joyas cuyo brillo nadie puede dejar de mirar y que algunos hacen suyas. 

Este es el caso de Greg Miller, considerado el mejor imitador de Elvis. Y amigos, esto no es fácil viniendo de las Vegas, tierra de los mil y un imitadores del Rey del rock. Greg arrastra la voz y mueve las caderas calcando al Rey que le pasó el testigo en vida compartiendo confidencias, a quién llego a llamar hijo y le arropa desde la vida eterna que en los tiempos modernos da a los dioses el celuloide. 


Un decorado visual que repasa la biografía del chico pobre de Memphis que tuvo el mundo a sus pies pero prefirió quedarse con Priscila. La magia del cine y las luces permiten a Miller cantar a dúo con su padre en lo que parece el colofón de un paseo por su discografía pero es el principio del apoteósico final del que el público participa no solo pidiendo otra más sino levantándose de esos asientos que malamente han contenido sus ganas de bailar. 


Que tendrán las estrellas que su luz sigue brillando después de muertas haciéndonos creer que siguen vivas. Un rayito del astro Elvis está ahora en el centro de Madrid gracias al teatro Arlequín, no sabemos si él tiene noticia desde el cielo o lo contempla desde el porche de algún lugar secreto de los USA.

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ELECTROMEJOR:

Los fantásticos temazos de Elvis que tan bien interpretados ponen al público en pie en varias ocasiones.

El cuerpo de baile que no para de hacer magia creando el ambiente propicio para pasar una noche de escándalo.
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¿DÓNDE VERLA?


Del 30 de Octubre de 2015 al 30 de Enero de 2016. Teatro Arlequín GRAN VIA. CONSULTA LOS HORARIOS AQUÍ.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Si me queréis... Ibsen

Por Bosco Palacios:

Nadie duda de la grandeza y actualidad de los textos de Ibsen. Pero hay una compañía, Les Antonietes, que se encuentra en el Teatro Fernán Gómez de Madrid representando hasta el 1 de noviembre uno de sus mejores textos: Un enemigo del pueblo.
Y lo hacen actualizándolo hasta nuestros días con un enganche y una fuerza irresistibles. Cargados de energía, los actores se convierten en un espectador más, o el espectador se convierte en un personaje más, para hacer justicia en este juicio sin valores.
Arrojo, dinamismo y un ímpetu interpretativo que hacen al público cómplice del delito de intereses personales desde antes de comenzar la representación.
Un debate eterno entre razón y verdad contra beneficios económicos que visto así de actualizado, con sencillez e irresistible belleza estética, nos lleva a entrar en un balneario/SPA Siglo XXI que nos ahoga cada vez más y más, hasta acabar ebrios entre mentiras, manipulaciones y engaños.
La ruptura de la cuarta pared ya desde el inicio, ofreciéndonos de entrada los protagonistas un ponche para ir entrando en calor, juegan a favor de la cercanía que más tarde nos llevará a vernos presos de nuestra escasa libertad, porque al final “todos somos enemigos del pueblo”.
Pero ¿quién es hoy el pueblo? En esta España nuestra, con el coraje de vivir por y para la verdad, Les Antonietes nos hacen descubrir con sublime desgarro, arrojo y coraje nuestra debilidad atemporal: El peso del dinero. El poder de nuestro ego, status, posición y calidad de vida.
Y le dan ganas a uno de salir corriendo del teatro y escapar sin mirar atrás del laberinto de manipulaciones en el que nos han inmerso. Si no fuera porque fuera del escenario, la realidad es aún peor... ¡Irsen!
Enhorabuena a los chicos de Stockmann por su buen hacer en esta obra que no dejará indiferente ni al más temible de los corruptos.

Parafraseando a otra grande, que en su día también defreudó a hacienda que somos todos, pero que desbordaba también vitalidad y energía por todos los costados: “Si me queréis... Ibsen”. Acudan a verla para poder gritar, aunque sea por estar algo "chispa", o quizás gracias también a estar algo "chispa": ¡Viva el coraje de vivir en LIBERTAD!