miércoles, 12 de mayo de 2010

Mejor verte que explicarte


Querido Antonio:

Ahora que te acabas de ir, es como si oyera tu murmullo quejoso: “Pero que oscuro está esto… ¡Calandriacas de España por los caligocondrios!”.

Ahora que la noticia de tu viaje tiñe de luto esta Tele de Cristal que tanto disfrutó contigo. Ahora te doy las gracias.

Me concediste varias entrevistas con motivo de tus últimos trabajos. Te mostré mi admiración por ti y de tu boca sólo salió un: “¡Ah, pues muy bien!”.

Nos reímos entre tus argumentaciones, me contaste, por ejemplo, que siempre tenías en tu despacho las luces de navidad puestas, menos en Navidad que las quitabas. Recordamos tu paso por el Un, dos, tres y aquellas frases que decías haber improvisado sobre la marcha.

Recuerdo también que te quejaste un día cuando me vi obligado a llamarte porque un programa de televisión había mostrado a tu cuñada Terele Pávez tirada en la calle, pero fuiste amable, sensible, educado y gracioso.

Con motivo de la publicación de un libro sobre críticos, me preguntaron no hace mucho por mis diez programas favoritos de la historia de la televisión. No sabía dónde colar tu sexólogo, pero al final entró. Nadie daba crédito por lo que había puesto, ¡no hija, no! Cómo se nota que no son Europeos…

Denuncié en su momento que la televisión se olvidara de ti tan injustamente. Me contabas que habías presentado un guión por todos los canales pero que ninguno lo quería porque era demasiado original. “Me piden que haga lo que está haciendo Telecinco, y yo digo: pero eso ya lo está haciendo Telecinco, habrá que hacer otra cosa…”

Recuerdo, no sin descojonarme como la primera vez, uno de tus últimos diálogos con el recientemente fallecido (parece que os habéis puesto de acuerdo para montarla ahí arriba) Jordi Estadella.

Explicabas en ese fantástico Un, dos, tres de los noventa cómo enviar códigos de barras de pan para concursar en el juego del Zodiaco:

Citabas un apartado de correos y recomendabas que nadie fuera hasta correos porque estaba apartado. Le decías a Estadella que él lo explicaba mal: “bueno, mal no, que es una frase un poco fuerte. Lo explica muy mal.” Y es que por H o por B, porque siempre es por H o por B, es mejor verte que explicarte:




Un abrazo, GRANDE, Antonio. Prometo que tu estela seguirá viva ¡Viva!
Y un beso muy especial para tu no hija, no. Con todo mi cariño, Emma.

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SIGUE...

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