Los televisivos Santigo Molero (Cipri, el posadero en Águila Roja) y Rulo Pardo (Ciega a Citas) están de vuelta con Sexpearemente.
De vuelta (ahora en Madrid en el Alfil) y de vuelta y media con nuestro Estado, también.
¿Pero qué invento es esto en el que unos actores interpreten a unos actores que actuan en una actuación a la que llaman país? Pues esto es Expaña (con X también de Sexpeare) y la mejor forma de retratarla, y- sino es la mejor, "la mejor mierda" también nos vale como término- es la más efectiva, la más divertida y la más osada. ¡Paasaaadaaaa!
Gamberrismo, surrealismo y todo lo que acabe en -ismo es válida para calificarla. ¡Pedazo de obra! Los espectadores de este maravilloso engendro se preguntarán qué C... (en femenino o en masculino, en singular o en plural) están viendo durante los primeros 10 minutos de obra, pero poco después entrarán y SÍ: "se la dejarán meter doblada", pero sin esfuerzo. Con gusto y cariño. Pero también con dardos a Esperanza Roy, Pedro Ruiz, Pablo Iglesias y otros...
Con la risa, la crítica y la imaginación como herramientas principales para entonar el mea culpa, pero "mea". ¡Mea de la risa sin echar gota! Eso es lo que hacen los actores en esta obra en la que dan vida a dos cómicos- de los que muchos quedan- que naufragan a su manera por las turbulentas aguas de la escena española:
"Cambiemos «crisis» por «furgoneta»; «Espectáculo» por «mierda»;
«Mentira» por «peluquería»; y «persona» por «pollón». La frase «no es la
primera vez que hacemos este espectáculo, la necesidad de hacerlo es
fruto de esta crisis» queda algo así: «Los pollones estamos hartos de
estar en furgonetas escuchando peluquerías todo el rato... Es por esto
que hemos decidido hacer esta mierda»".
Pardo y Moreno recuerdan a los Faemino y Cansado de los inicios, a ese teatro puro, crítico, virgen, inocente y sincero que es capaz de conectar con el niño antes que con el adulto, de convertir al señor en joven, de hacer del tiempo un aliado para volver atrás, a la vida antes que a la muerte.
Uff... qué intenso suena esto cuando quizás, en realidad, sólo se trataba de pasar el rato. ¿O no era esta la realidad?, ¿ya la vieron?, ¿qué entendieron?
Gracias a Sexpearemente disfrutaremos de estas dos estrellas de la tele sin cámara de por medio. Un trabajo actoral impresionante que no dejará indeferente ni al espectador más convencional.
Después de todo, la Mayor Mierda es la que tenemos que aguantar fuera, a diario, y ellos están allí, sobre la bendita escena, sólo para recordárnoslo. Que no es poco.
Amanece sobre las tablas este invento regresivo donde decir nada coherente es tanto como decirlo todo. Incoherentemente, Sexpearemente, Electro-Absolutamente.
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miércoles, 17 de septiembre de 2014
martes, 6 de septiembre de 2011
Águila Coja

Por: Bosco Palacios
Me he enganchado a la serie Águila Roja esta temporada con el único propósito de ver los nuevos pasos profesionales de Lydia Bosch, una de nuestras Munsters favoritas, pero el esfuerzo ha sido en balde.
Se ve que Lydia, que interpretará a una monja, se ha hecho de rogar ya que su aparición no sucedió en el estreno de este lunes, como en todos los medios se había anunciado. ¿O salíó tan poco que me la perdí en algún bostezo?
Finalmente, dentro de la pena, sentí no perder el tiempo por descubrir algo: Lo curioso que resulta ver cómo una serie tan laureada puede resultar de lo más patética si no se ha seguido con anterioridad. Descubrir nuevamente que una serie muy seguida en España es sinónimo de mala.
Imagino que los aficionados a la ficción, encontrarían un capítulo de lo más interesante, con sus personajes desquitándose de sanbenitos pasados y abriéndose a nuevas tramas. Pero yo, que desconozco quiénes son y por qué están, vi una cosa que cojeaba.
Es lo que tiene hacer una serie de masas, para reenganchar y fidelizar y no para tener buen tino por sí misma. Es lo que tiene hacer series como si fueran salchichas. Y es que todo en este Aguila estaba agujereado, desde las caras de los personajes hasta los líos amorosos y de palacete que nos presenta.
Previsible e infantilizada, sin llamar la atención ni en actuaciones, ni siquiera en efectos especiales (algo por lo que muchas ficciones de paso se salvan). Habrán hecho la película con ella, pero a esta serie le falta beber del cine para hacerse menos pequeña. Que grande es otra cosa.
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Me he enganchado a la serie Águila Roja esta temporada con el único propósito de ver los nuevos pasos profesionales de Lydia Bosch, una de nuestras Munsters favoritas, pero el esfuerzo ha sido en balde.
Se ve que Lydia, que interpretará a una monja, se ha hecho de rogar ya que su aparición no sucedió en el estreno de este lunes, como en todos los medios se había anunciado. ¿O salíó tan poco que me la perdí en algún bostezo?
Finalmente, dentro de la pena, sentí no perder el tiempo por descubrir algo: Lo curioso que resulta ver cómo una serie tan laureada puede resultar de lo más patética si no se ha seguido con anterioridad. Descubrir nuevamente que una serie muy seguida en España es sinónimo de mala.
Imagino que los aficionados a la ficción, encontrarían un capítulo de lo más interesante, con sus personajes desquitándose de sanbenitos pasados y abriéndose a nuevas tramas. Pero yo, que desconozco quiénes son y por qué están, vi una cosa que cojeaba.
Es lo que tiene hacer una serie de masas, para reenganchar y fidelizar y no para tener buen tino por sí misma. Es lo que tiene hacer series como si fueran salchichas. Y es que todo en este Aguila estaba agujereado, desde las caras de los personajes hasta los líos amorosos y de palacete que nos presenta.
Previsible e infantilizada, sin llamar la atención ni en actuaciones, ni siquiera en efectos especiales (algo por lo que muchas ficciones de paso se salvan). Habrán hecho la película con ella, pero a esta serie le falta beber del cine para hacerse menos pequeña. Que grande es otra cosa.
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