jueves, 5 de octubre de 2006

Bruja Bilbao

Idoia Bilbao se ríe de las desgracias ajenas. Los lloros que ella tantas veces ha intentado apaciguar en su programa, ahora los aplaude. Le divierten. La lagarterana que sometía al tercer grado a los invitados de Salsa Rosa con su sonrisita feliz, ha declarado abiertamente que se rie como posesa de las desgracias ajenas.

Se ha referido en concreto a los crueles minutos que pusieron los pelos de punta a los espectadores hace unas semanas: la pelea de Consuelo Alcalá con su hijo en directo, hasta llegar al desmayo en plató de la protagonista

Antonio Abelado le entrevista este miércoles en el diario 20 minutos. La buena, cándida y dulce de Idoia revela cosas como ésta:

¿Le parece normal que se den casos como el de Consuelo Alcalá con su hijo?

"Ese programa de Dolce Vita me pareció magistral. Lo vi en casa con la familia y nos hartamos de reír como posesos".

¿Qué tiene de agradable ver cómo madre e hijo se tiran de los pelos?

"Eso es espectáculo; para que nos enseñen a restar ya está Punset en TVE".

Cuando leí la terrorífica revelación, eran las 8 de la mañana e iba en el metro, me quedé atónito. Medio sonámbulo bajé el periódico a mis rodillas. Levanté la cabeza y vi en frente de mí, a un palmo, a una anciana pordiosera pidiendo.

Me imaginé de pronto a Idoia Bilbao riéndose de ella a mi lado y dándome codazos para que yo también me riera. En mi alucinación, tiré del brazo para que me dejara en paz y, al paso, saqué una moneda del bolsillo. La puse en la mano roída que me extendía la anciana.

La mujer me sonrió y entre su negruzca y mugrienta dentadura descubrí que le faltaban varias piezas. Parecía una bruja. Apareció Idoia de nuevo. Esta vez, en el rostro de la vieja. Había pasado de reírse como espectadora loca y darme codazos cual posesa cómplice, a ser la horrible protagonista. Mantuvimos un cara a cara. Si el tren hubiera parado en aquel instante, me habría bajado escopetado. Cerré los ojos y vi pasar como una película aquella noche de sábado en la que salté del sofá al ver la dramática escena de Consuelo Alcalá desmayándose.

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